Saqué el libro de Michael J. Fox, Un hombre afortunado (Maeva, 2003), de la biblioteca porque por casualidad vi que tenía muy buenas críticas en Amazon (que es donde voy en busca de críticas para libros). Una vez leído no lo puedo dejar de recomendar. Michael ha sabido encontrar las partes de su existencia que daban más juego, narrarlas de manera entretenida, y no pasarse de las trescientas y pico páginas. Se lee en un suspiro con mucho agrado.
El título hace justicia al propio contenido, dado que Michael, enfermedad de Parkinson y todo, consigue que el lector se lleve de la lectura la impresión de que, en efecto, el actor ha sido afortunado. De hecho, atribuye al Parkinson juvenil que le diagnosticaron en el año 1990 gran parte de esa fortuna. En el libro Michael dedica más o menos un tercio a hablar de su proceso como paciente, primero, y luego como portavoz de enfermos. Es una historia de superación "a la americana", así que a quien no le vayan este tipo de narraciones, tan del Reader Digest, que se abstenga.
Sin embargo, aunque el libro trate la enfermedad, no es un libro únicamente sobre ella. Sólo constituye uno más de los obstáculos que hacen de la vida de este actor algo digno de narrar. Durante todo el libro Michael también habla de muchos otros: su familia, los castings, la fama, la bebida... Mezcla sus experiencias positivas y negativas, y las analiza con una gran introspección. Lo hace con un distanciamiento irónico, pero sin resentimientos, y con un dramatismo muy bien dosificado.
Quien espere de este libro una mirada entre bastidores del mundo del cine y la televisión puede sentirse un poco decepcionado. Michael por supuesto habla de todas las etapas de su carrera como actor, pero sin muchas anécdotas más allá de con quién trabajaba en cada película o serie, cómo fueron los castings, o si el producto tuvo finalmente éxito o no (lo que redundaba en su carrera). No esperen ningún consejo sobre cómo actuar o cómo entenderse con el director. Si acaso Michael resulta ser un ejemplo de cómo llevar una carrera en Hollywood (con la fama y los fracasos como dos caras de la misma moneda), y a la vez intentar ser un padre de familia, lo cual es algo que no muchos actores del medio están siquiera dispuetos a plantearse. Por no añadir a todo eso una enfermedad crónica degenerativa. Y no perder el sentido del humor por el camino, ni la esperanza. Y saberse en el fondo un hombre afortunado.